Destripando Sing Street

 

¿CANTAR POR UN SUEÑO O POR AMOR?

Sing Street, película irlandesa del director John Carney, es un visionado tan pegadizo como su título. Como un hit de los años ochenta. Porque al fin y al cabo, de eso se trata todo.

La película nos cuenta la historia de un adolescente irlandés (interpretado por Ferdia Walsh-Peelo) que, debido a la crisis del país en general y de su familia en particular, se ve obligado a cambiarse de colegio con los consabidos problemas que eso conlleva, más si cabe si tus nuevos compañeros son toscos, violentos y malcarados. Pero los problemas escolares no se limitarán a los compañeros de Connor (que así se llama el chico), puesto que los curas que rigen el centro no les andarán a la zaga.

A partir de ahí y tras un encuentro fortuito con la guapísima Raphina (Lucy Boynton), Connor, que ha invitado a Raphina a aparecer en un vídeo musical, tendrá que improvisar una banda de rock para lograr acercarse a ella. Y aquí es cuando comienza la esencia de Sing Street, pues el cine y la música se conjugan en un homenaje visual a los grupos más punteros de la maravillosa década de los ochenta: Duran Duran, Spandau Ballet, The Cure…

La película, por lo demás, tiene una ingenuidad que la hace entrañable. Los problemas son muchos, pero la persecución de un sueño, ya sea en forma de mujer o de estilo musical, es un método perfecto para poner tierra de por medio entre la cruda realidad de una ciudad que les asfixia, y el sueño de viajar a Londres, destino de muchos jóvenes irlandeses en aquellos años.

Sing Street está a caballo entre la tragicomedia y el musical, sin olvidar el típico viaje del héroe, en este caso un viaje iniciático con princesa de por medio. El personaje principal, que al principio nos resulta un poco plano, demuestra con el tiempo una personalidad contenida que se va desatando. Sus compañeros de grupo, a cada cual más excéntrico, son un complemento perfecto, por no hablar de Raphina, quien anhela escapar de Irlanda a cualquier precio para cumplir con sus aspiraciones profesionales, deseo refrendado por su fuerte personalidad.

Párrafo aparte merece Brendan (Jack Reynor), hermano mayor de Connor que vive en una especie de auto-desahucio tras abandonar la universidad y que, tras conocer las aspiraciones musicales de su hermano, hará de mentor y consejero, tratando de ver cumplidos en su hermano los sueños a los que él tuvo que renunciar.

La película, con un ritmo perfecto en todos los sentidos, nos muestra el poder salvador y sanador de soñar, y aunque parece que a Sing Street, la banda de Connor, le resulta demasiado sencillo componer un tema, no podemos exigirle a una película de entretenimiento que profundice en los complejos mecanismos de la creación artística.

En definitiva, Sing Street es un soplo de aire fresco, un canto al amor, a la amistad, y a la música, por supuesto. Y a los sueños, ya sean en forma de mujer o de estilo musical.

Artículo elaborado por el Doctor Raputnik

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